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No se preocupe

Me gustaría conocer su reacción cuando usted escucha está frase, amigo lector. A mí me pasa que cuando la escucho, pues de inmediato me empiezo a preocupar. Y me empiezo a preocupar primero, porque no sé qué es lo que me quiere decir con ella mi interlocutor y luego, pues todo lo demás que sospecho encierra la bendita frase. Pienso que tal vez se trate de una de esas frases parásitas a las que se recurre en automático cuando no se tiene claro o no se sabe lo que se quiere decir, cuando no estamos seguros de lo que hemos hecho y tratamos de encontrar una explicación creíble de nuestro pobre accionar o también de justificar lo injustificable.

Me preocupa además su cada vez más frecuente presencia en nuestro hablar cotidiano ya que la frasecita de marras es muy poco lo que aporta a la efectividad de nuestra comunicación. Puede que sirva como indicador para medir la poca seguridad en su comunicación que, lamentablemente, la tienen muchos, lo que explicaría su horrible y muy cotidiana presencia en nuestro hablar. No se preocupe amigo, no se preocupe señor, señora, no se preocupe varón, mi hermano, mi chochera, mi causa, no se preocupe. En fin, no apuro conclusiones porque de seguro el análisis es complejo pero si quiero centrar mi atención en el uso comodín de esta frase para disculpar nuestro poco interés o esfuerzo en nuestro diario accionar.

Habitamos, y por tanto nos movemos y relacionamos, tiempos de volatilidad y escasísima capacidad de atención. Lo fácil que resulta hoy acudir a la red para consultar sobre cualquier cosa y obtener inmediata respuesta está afectando aún más nuestra ya muy pobre atención y de paso arrastrando consigo a la baja, nuestra curiosidad, el interés, las ganas por saber, por informarnos, por hacer, por dedicarnos con ahínco a algo o a alguien. Fácilmente se comprueba en el día a día la pobreza de nuestra comunicación ahora casi monosilábica, con poco o ningún esfuerzo por explicarnos, por hacer conocer aquello que pensamos, sentimos, anhelamos, en suma, por expresarnos. Reducida también en la oralidad por ese copiar y pegar que monopoliza las redes sociales.

Una mejor comunidad, más informada, mejor comunicada, requiere de la mejora de cada uno de sus miembros. Empecemos por reconocer en que debemos mejorar y mejoremos, paso a paso, sin postergar, evaluando y corrigiendo resultados en el proceso. No es tan fácil, requiere de esfuerzo y perseverancia. Los resultados irán dejando en el olvido frases inútiles como la que comentamos y otras tantas como el “¡Si se puede!”, éste último de tantísima difusión que por muy poco no se anexa a nuestra Marca País.

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