Es de sobra conocida la muy pobre capacidad de atención sostenida que tenemos los humanos. Pareciera que somos naturalmente dispersos. Algunos estudiosos incluso sostienen que es precisamente esta capacidad que tenemos de reaccionar a cualquier distracción la que nos ha permitido sobrevivir como especie. Distracción que es de muy fácil comprobación sobre todo cuando se está hablando ante un auditorio.

Íncipit y éxcipit, palabras latinas para significar respectivamente el inicio y el final de un texto. Podemos leer en Wikipedia: “Un íncipit (del latín incipit, ‘empieza’) son las primeras palabras de un texto. Siguiendo una tradición hebrea que se retoma en el cristianismo, el íncipit da su título al documento. La palabra opuesta complementaria a incipit es éxcipit”. Usaré estas palabras para señalar la importancia de trabajar ambos momentos en una exposición.

Decir lo que se va a decir es una buena manera de empezar una exposición. Será mejor todavía que al decirlo usemos una frase que comprometa la atención del auditorio: un dato sorprendente, una promesa, una anécdota, una pregunta, invitar a los participantes a alguna acción, y así cualquiera otra forma creativa y trabajada con el objetivo de conseguir enganchar a los asistentes con nuestro tema. Algunos piensan que ser creativo es propio de unos pocos elegidos y nada hay más lejos  de ser cierto ya que todos somos creativos. Solo hay que trabajar para conseguirlo. No nos vendrá la inspiración sino la provocamos. Atención, curiosidad y esfuerzo son necesarios para encontrar un comienzo con el que logremos la atención de quienes han venido a escucharnos. Luego, claro está, hay que decir lo que hemos anunciado, esto es, el cuerpo de nuestra exposición y finalmente el éxcipit, el cierre: para qué hemos dicho lo que dijimos que íbamos a decir: una conclusión, una enseñanza, invitar a una acción, reflexión, etcétera.

¿Recuerda la última vez que se desconectó, se aburrió en una presentación? Miramos para cualquier lado como buscando por donde escaparnos, consultamos el reloj, sacamos el telefonito para hacer tiempo o simplemente dejamos que nuestra mente viaje a cualquier lado mientras el expositor habla al vacío. He visto incluso a algunos que se entretienen grabándolo en video ¡Como si al llegar a sus casas fueran a reproducirlo y allí en la comodidad de su hogar prestarle total atención!

Conseguir la atención y, por cierto, luego sostenerla, dependerá no tanto de la voluntad de los asistentes sino del trabajo que haga el expositor. Preparación es la palabra clave, nada se debe dejar a la improvisación.  El premio al esfuerzo será un auditorio cautivado, verdaderamente interesado por aquello que tenemos que decirle.